WordPress de Ruy Xoconostle W.

A los lectores: el aviso parroquial

Como saben quienes leyeron este post y me han estado preguntando constantemente gracias a la magia de las redes sociales, mi intención era poner mañana a la venta Hackers de arcoíris en formato impreso. Al día de hoy, no estoy listo para hacerlo por problemas de producción con mi proveedor. Quiero cuidar mi producto y ofrecer algo decoroso, no salir con algo que no me tenga convencido.

Paso a paso, pues. Los mantendré informados. Y disculpen el hype.

Subrayar en Kindle

Haga ud clic y lea a buen tamaño.

Una de las funciones que amo de Kindle es la del highlight. Amazon la explica en este link, y para mí es como meterle la pastilla de la inteligencia colectiva al viejo hábito de subrayar libros. Párrafos importantes, memorables, significativos para el lector, son registrados por la plataforma Kindle y reunidos en la página del libro.

Ustedes pueden leer los subrayados populares del vol. I de Hackers de arcoíris en la página del libro en Amazon. Bajen un poco y busquen “Popular Highlight”. ¡Y no dejen de subrayar el libro desde su software Kindle!

Del playlist personal de Hackers de arcoíris, parte 2

En seguimiento a este post, acá subo el compilado de los siguientes cuatro capítulos de Hackers de arcoíris, vol. I – Código: Garuda y sus rolitas correspondientes:

Del capítulo 4, “Muerte con Wakizashi”:

Del capítulo 5, “Los hombres del espiner”:

Del capítulo 6, “Dossier”:

Del capítulo 7, “El Veterano”:

Recuerde que usted puede comprar el primer volumen de Hackers de arcoíris para la plataforma Amazon Kindle aquí mero. De esa manera apoya la producción literaria indie nacional y se lleva a casa un producto escrito con amor y cuidado artesanal. :)

La cultura pop en una imagen

Algo sobre las relaciones

La anécdota va así: dos abogados muy cuarentones y muy trajeados salen de una comida, se detienen en un Yogurtland, pero solo uno de ellos pide su helado. El encargado del mostrador, muy amable, les pregunta si quieren una cuchara extra… para compartir. Uno de los abogados le reclama por la obvia insinuación de jotería; el otro también. Salen del lugar bastante encabronados.

Uno de esos abogados es casado. Todo el paquete: esposa, hijos, amante. El otro es soltero y sin hijos. Ambos son heterosexuales. Y acá viene lo interesante: el casado le reclama al soltero por el episodio del Yogurtland.

–Por tu culpa pensaron que somos putos.

–¿Por qué por mi culpa?

–Porque eres soltero.

“Guau” exclamé cuando me contaron la historia. Qué tal: en este mundo tan profano (parafraseando al maestro Carrillo), tan moderno, tan modelo 2011 –casi 2012–, ser cuarentón y soltero puede ser sinónimo de homosexualidad. Y de la del peor tipo: la closetera, la que se esconde por los rincones como la muñeca fea. Porque los gays, y esto se lo debemos a Andy Warhol, Boy George, Ricky Martin, Queer Eye for the Straight Guy, Sex and the City y Brokeback Mountain, son gente sensible y creativa. Es decir, NO SON ABOGADOS (estoy siendo sarcástico, idiotas). Somos proclives al cliché, ¿verdad?

No tengo que decirles que la revolución sexual de los sesenta fracasó con rotundo éxito: la mataron el sida y las ideas prefabricadas (esas que venden en convenientes paquetes en autoservicios, ajá). Ya saben, el modelo de la familia nuclear que se puso de moda después de la victoria Aliada en la Segunda Guerra Mundial, el american dream de la mamá el papá y los sonrosados y blondos críos –niño y niña por favor, nada como tener “la parejita”– en un picnic que incluye hasta hormigas caucásicas. Todo es perfecto. Siempre hay cerveza en la nevera. No se nos mueve ni un pelo. De preferencia somos católicos. Ricos. Conducimos autos extranjeros. Y estaremos. Juntos. Hasta. Que. La. Muerte. Nos. Separe.

Las ideas prefabricadas le hacen daño a la gente por la sencilla razón de que la realidad es superflexible, es supercambiante y está constantemente supermoviéndose, lo cual algunas personas encuentran superculero pues es difícil entender, por ejemplo, que en el día a día Novio Perfecto Que Te Llevó Al Altar quizá haya resultado borracho, jugador compulsivo, holgazán extremo, infiel u homosexual (ay Jesú). La falta de habilidad de la gente para simplemente observar la realidad de las cosas cómo son, sin juzgarlas, es fuente inagotable de sufrimiento, peleas y malentendidos. Algunas de mis ideas prefabricadas favoritas:

“Si vive solo y es cuarentón debe ser gay”.

“Si vive sola debe ser lesbiana. O no puede tener hijos. O es demasiado gorda para que alguien la pele. ¡Por eso tiene tantos perros!”.

“Seguro su ex le quita toda la quincena”.

 [Con solo 5 minutos de haber conocido a pareja equis] “Ella se lo trae de su pendejo”.

“Si la pareja que vive en el depto de arriba se dedica todo el día a su labrador es obvio que NO pudieron tener hijos. Son los pollos con hormonas. Las mujeres se hacen estériles, goei”.

“No te conviene alguien que ya tuvo hijos, mijita”.

“No te conviene alguien que ya estuvo casado, mijita”.

“¿35, no se ha casado y vive con su mamá? Es gay. Ooooobvio”.

Cómo somos chismosos. Amamos el chisme. No sorprende por eso que ese infame pedazo de caca llamado Facebook tenga tanto éxito, ¿no? Porque no se trata de “compartir” la vida como de “espiar” lo que hace el vecino. Mirar al ex y decretar sobre su vida, de preferencia lo que a nuestros ojos son “desgracias”: está gorda está fea está vieja está sola está amargada. Está tan arraigada esta idea que nadie se atreve a ver a un ex sin sacar los mejores trapos y sumir la panza para que nos vean lo menos jodidos que se pueda. La gente de mi edad, cof cof, ya pasó por algunas encrucijadas en su vida, y difícilmente están apenas casándose o viendo si ponen un departamento con alguien. Lo más probable es que ya se hayan casado, ya se hayan divorciado, ya hayan bautizado al chamaco, ya se hayan madreado con la suegra en la cena de Navidad. Heridas de guerra, mi lic. Así es que las cosas ya no son tan fáciles para una persona que ofrece sus experimentados servicios en el terreno del amor. Los veteranos del amor (suena a canción de Mijares) no suelen ser tan bien vistos, sobre todo por los más jóvenes. Es comprensible: la gente de veintitantos quiere atravesar por todo el penoso proceso que abarca de Melrose Place a El Club de las Divorciadas. Lo que no pueden ver muchos veintiañeros, por supuesto, es que esas ideas prefabricadas sobre la forma de relacionarse con la gente son como paredes falsas, como utilería de un set de Hollywood, como esos horribles televisores de cartón de Dico (es Diconomía). Ya lo dijo El Príncipe: el amor acaba. La gran casa en la que inviertes tus desvelos y ahorros quizá después sea motivo de llanto y pleitos legales. Las fotos de la boda acaban arrumbadas en un clóset, o peor. Yo me casé en el ’99 y no encuentro las fotos de mi boda, por ejemplo… temo que hayan acabado tijereteadas en medio de un ritual como de la banda de El bebé de Rosemary.

Yo no digo que la gente no se case. Que no experimente la vida. Que no pruebe lo dulce y lo amargo. Ya habrá tiempo de meditar sobre las consecuencias de nuestros actos (en nuestra próxima vida: cuando seamos gatos). Solo doy un NO rotundo a las ideas prefabricadas. Ideas irreales sobre el amor eterno y las configuraciones familiares. El Inegi, basado en documentación de la ONU, estipuló hace varios años que hay cinco tipos de hogares en México: 1) el unipersonal, 2) el nuclear –que puede estar compuesto con una madre soltera con hijos, 3) el extenso –en el que participan otros núcleos, como tíos, abuelos y amigos, 4) el compuesto –básicamente, una comuna y 5) la categoría “inclasificable”. De estos cinco tipos de hogares se desprenden múltiples formas de relacionarse, tan caprichosas como “abuela cría a nieto huérfano mientras la tía trabaja” o “mujer gay sin pareja cría a hijo con tío, tía y abuelo”. La realidad a veces no es tan glamorosa: se mueve entre mujeres solteras que trabajan jornadas dobles y triples y que deben salir corriendo de la oficina para recoger al chamaco de la guardería, y hombres solteros heterosexuales que no tienen la menor intención de tener hijos y prefieren su clase de yoga, su sexualidad promiscua, sus catas de vino y sus viajes al extranjero a pagar pañales e idas al dentista. Hombres que increíblemente son censurados porque otros hombres, los que han seguido el cliché de esposa-hijos-amante, no se sienten a gusto con la libertad que estos gozan. Un hombre casado con hijos tiene todos los pretextos para faltar al trabajo; un hombre soltero sin hijos, por default, se considera idóneo para trabajar en fines de semana y días festivos.

“Es que tú no sabes lo que es que te moleste la brujer, mi lic”.

La realidad del mundo de las relaciones es tan cambiante que, quizá, todos practicamos modos alternativos de juntarnos con otras personas. En mi modo de ver, la familia tradicional se ha desmoronado estrepitosamente, y lo único que queda es una idea de “cómo se deben de hacer las cosas”. Pero en la vida real, la gente las hace como puede, no como quiere. American Beauty nos enseñó que los suburbios son sitios carrollianos de gente disfuncional con ideas disparatadas –como mantener la apariencia de las estructuras familiares cuando todo alrededor en realidad está valiendo madres. Quienes tienen la cabeza más fría prefieren adaptar la estructura familiar a la realidad –quien lo intenta al revés, es decir, adaptar la realidad a la estructura familiar, solo tendrá enfrente un largo, largo trip de frustraciones y dolor.

Celebremos, pues, las múltiples y diversas maneras que tiene la gente de relacionarse y formar sus núcleos familiares. Celebremos a aquellos que han optado por vivir con sus viejos. A aquellos que viven con sus amigos. A aquellos que viven solos o “solo con su pareja”. A aquellos que viven enmueganados y orquestan sus actividades como panales. Y a aquellos dementes que prefirieron perpetuar la especie y ahora tienen niños ruidosos y olorosos, caros de sostener, que no te dejan dormir los fines de semana y que siempre andan con las rodillas raspadas, las caras y las manos tiznadas y pegajosas, y que a pesar de ello te proveen de una felicidad luminosa que ni siquiera imaginabas podía existir. La mejor parte del día. La mejor parte de la semana. La mejor parte del año.

Hey, feliz Navidad. :)

Hackers de arcoíris: la edición en papel disponible desde el 13 de enero de 2012

En el largo y penoso camino del self-publishing, finalmente aterrizará el volumen 1 de Hackers de arcoíris en una edición on-demand, perfectamente encuadernada e impresa en gloriosa TINTA NEGRA. El paperback que le llaman. 265 páginas. Los forros, tal como los ven en este post –nada como la sencillez. Se trata de la versión 2.0, con algunas correcciones mínimas. La edición Kindle cuesta de hoy en adelante $4.99 USD. (Y no se equivoquen: amo el formato Kindle. El siguiente volumen saldrá primero para esa plataforma. Que conste.)

La edición impresa, disponible desde Lulu.com, costará $16 dólares + envío. Carito. Pero le haremos un descuento del 15%, amigo lector. Y si usted hace un pedido de 3 libros directamente con el autor (previo depósito bancario, y siempre y cuando el comprador esté en el DF para entregarle sus ejemplares), recibirá los siguientes beneficios:

a) un descuento adicional de 10%,

b) “goodie” sorpresa y

c) copia firmada por el autor.

No voy a vender HDA en librerías. Lo siento. Si acaso procuraré armar una venta especial en algún sitio del tipo convención geek y/o tienda de cómics, y nada más. Ajá: no tengo intenciones de ir a la FIL o frecuentar los círculos literarios. ¡Lo siento! De nuevo: HDA no estará a la venta en librerías, ni los derechos han sido otorgados a ninguna editorial. Esto es un esfuerzo personal y por eso no puede ser más barato. Si ustedes viven en Estados Unidos seguramente podrán pagar menos de envío. A mis compatriotas de este lado del Río Bravo: no hay más que hacer. Durante varios meses exploré con un par de proveedores la posibilidad de imprimir en México, pero los costos eran demasiado altos o implicaban para mí tener un stock en casa, difícil de manejar y, sobre todo, de financiar. ¡Pero la ventaja es que usted, querido lector, que se ha quejado de la lectura electrónica, ya podrá adquirir mi nueva novela en el formato a prueba de tontos que sus padres y abuelos veneraron toda la vida y de paso apoyar a un escritor indie que está tratando de superar el trance de las editoriales corporativas!

El libro estará disponible desde el 13 de enero. Justo a tiempo para la salida del volumen II el próximo abril.

Tres avisos más:

1. Una portada alterna aún por anunciarse. Será EXTRANERD. Lo prometo.

2. La portada “Cyn Márquez” sigue trabajándose. En cuanto esté disponible la pondremos a la venta también.

3. La traducción al inglés ya se está cocinando.

Me beberé una cerveza a su salud. ¡Arriba los lectores!

Del playlist personal de Hackers de arcoíris

Siempre he armado playlists para mis libros; no es lo único con lo que escribo determinados capítulos, pero por lo general una o dos canciones absorben el loop cuando me meto en un pasaje de un libro. En G+, Fb y Twitter he estado posteando rola por capítulo. Acá subo el compilado de los primeros tres capítulos de Hackers de arcoíris, vol. I – Código: Garuda y sus rolitas correspondientes:

Del capítulo 1, “Los hijos de Makivar”:

Del capítulo 2, “El xoloitzcuintle y el Nintendo”:

Del capítulo 3, “Starla”:

Bonus: en Google+, el video de su seguro y atento servidor presumiendo el primer paperback de HDA. Pronto a la venta…

Usted puede comprar el primer volumen de Hackers de arcoíris para la plataforma Amazon Kindle aquí mero. De esa manera apoya la producción literaria indie nacional y se lleva a casa un producto escrito con amor y cuidado artesanal. :)

Ahora somos tres

Paulo y Judith Makivar con su hijo Matías, a.k.a. “El Veterano”. La foto es de 1983.

Hackers de arcoíris es una novela en episodios con shitware, telépatas jarochos, katanas y mucho colesterol. El primer volumen se encuentra a la venta como Kindle eBook de Amazon.

Obra en marcha: Hackers de arcoíris, vol. II – Código: Indra. Visita el sitio.

Lonely Soul

Así inauguramos formalmente la segunda temporada de extras de Hackers de arcoíris, una novela en episodios con shitware, telépatas jarochos, katanas y mucho colesterol. El primer volumen se encuentra a la venta como Kindle eBook de Amazon.

Obra en marcha: Hackers de arcoíris, vol. II – Código: Indra. Visita el sitio.

Hackers de arcoíris, vol. II: el capítulo 13

Una explosión ensordecedora. Pedazos de vidrio, cemento y ladrillo saltaron encima de nosotros, pequeños pedazos de cascajo cayendo como lluvia. Me tapé con el baúl del RPG-7 y Starla hizo lo mismo. Un zumbido persistente se enterró en nuestros oídos. La vibración grave se había convertido en un fuerte sonido que parecía emanar de un burdo instrumento de viento. Como si alguien hubiera hecho sonar un cuerno de guerra.

Un aire intenso comenzó a chocar contra nuestros rostros.

Starla elevó marcialmente el RPG-7 sobre su hombro.

“Parece que esta es la popó real, Starla”, dije.

“Me llamo Devi”, fue su respuesta.

Una sirena se desató muy cerca de nosotros. Se trataba de unos ocho o diez gajos de metal apretujados y sembrados encima de un podenco poste metálico en el malecón. Cada diez segundos replicaba su aullido.

“Me cagan las sirenas”, dijo Starla.

Auuuuuuuuuuuuu.

“¡Allá está!”, grité.

Descarga el vol. I desde aquí.

Update a Hackers de arcoíris, más agradecimientos y algo sobre el volumen II

Hey, han sido días muy animados, llenos de retroalimentación chingona de los lectores. Tener lectores: la máxima bendición del escritor. Ponerse a dar de gritos en un desierto, aunque no lo he hecho jamás, no debe ser algo agradable. Porque si uno grita quiere ser escuchado. Romper un par de vidrios. Hacer una llamada telefónica. Besar a una jeva como si no hubiera mañana. Tomar un tren a Baltimore… por así decirlo. Hoy una persona que sí sabe de literatura latinoamericana –la única persona que conozco que realmente sabe de literatura latinoamericana– hizo un tuit muy positivo sobre Hackers de arcoíris y me hizo el viernes. Pero las menciones constantes de los lectores me han hecho la semana. Es una gran motivación. Saber que un lector gozó con el libro propio es igual de placentero que escribir el libro. Ciertos pasajes, ciertos momentos que dices “putamadre, esto está chingón” o “putamadre, esto me emocionó” o “putamadre, aquí hay algo que vale la pena”. Libros como Hackers de arcoíris se cultivan durante años y nacen de la observación de los hechos cotidianos, los dedos de mantequilla y las ganas feroces de escribir. Cuando uno escribe con ferocidad, con una vitalidad que ni siquiera se cuestiona si existe la holgazanería, cosas buenas pasan. Escribir con esta ferocidad produce unas ganas de contar la historia que rebasan las ganas de irse a la peda, de janguear con los panas de la oficina, de pasar más tiempo “con la familia”. Son las ganas de apagar la tele y prender la computadora. De dejar de leer lo que otros escriben, claro. En los sitios menos probables brota la inspiración. Ideas del pasado se mezclan con observaciones del presente. Y las necesidades prácticas: cómo decir las cosas, cómo tratar de no excederse y mantener el estilo como el idiota equilibrista en la cuerda. Escribir es trazar un caminito con mucha atención y mucho cuidado. Un ejercicio demindfulness. Podría estar haciendo más dinero escribiendo guiones para series de Televisa, pero es preferible hacer lo que se ama. Ganesha ha sido muy generoso conmigo y me ha regalado ocupaciones encantadoras en las muchas derivaciones de las letras que son divertidas y apasionantes y tan demandantes como escribir un libro –por ejemplo: editar y publicar revistas. Así es que no me quejo. Todo lo contrario. Libros como Hackers de arcoíris son esfuerzos artesanales que requieren mucho tiempo y mucho amor. Son hijos que no se deben dejar descarriar, que se procuran; se visitan diario, se acarician, se llevan a cuestas y luego se sueltan con la esperanza de que la cosa salga bien. Yo quería hacer un cómic pero dos artistas del cómic me dejaron plantado: uno de ellos de plano me dijo, por ahí del año 2003, que el proyecto era demasiado complejo para él. Ese “proyecto” es el cuerpo principal del volumen II de Hackers de arcoíris cuya redacción principal empiezo MAÑANA. El otro artista simplemente me dejó plantado. Supongo que la tarea era demasiado grande para él. No diré nombres. Amo al cómic más que a la literatura, así es que ojalá y un día pueda ver estas historias traducidas al lenguaje visual-secuencial de una forma inspiradora. Ojalá. En otra vida seguro sé dibujar y puedo producir mis historias como largas novelas gráficas a la Katsuhiro Otomo. Pero en esta vida solo sé escribir. Así es que eso es lo que hago. Y MAÑANA empiezo a darle forma a todas esas notas hechas a mano que tengo listas ya. Para tener volumen II en la primavera.”Tunnels.”Sí habrá volumen I de Hackers de arcoíris en edición impresa. Pronto. Antes de que esté listo el volumen II, al menos. Yo avisaré por los canales comunes, etc.

Gracias.

Los muertos

Ver a mi hija ayudar a poner la ofrenda es cada vez más interesante. La chamaca ha aumentado la cantidad de preguntas formuladas sobre los muertos, esos fulanos que, ya saben, se retiran, se hacen a un lado, se ocultan un momento, se están quietos y están “en todas partes en secreto”. Al mismo tiempo, parece existir en ella una certeza de que al morir te vas a otro lado, que es un hecho indiscutible que ya no estarás aquí, donde están –en su caso– tus lápices de colores, tu almohada, tu uniforme, tu muñeca de My Melody. Por supuesto, la domina la idea general de que ese “otro lado” es un misterio. Su papá no puede decirle con exactitud qué hay allá. Su mamá tampoco. Pero Miyazaki san con sus hermosas películas sí le dice varias cosas al respecto. Así es que ella se imagina cosas. A veces luminosas y a veces oscuras, supongo. Parece intuir que morir es doloroso, pero más bien sabe que la idea de la muerte es dolorosa. Un día se nos estaba atragantando con espagueti, y fue algo casi de shock: pensó que se moría. Fue como haber probado un pedacito de la muerte. Desde entonces es un poco más temerosa. Se la piensa más antes de hacer una locura. No mucho, claro. Apenas va a cumplir seis años. La idea de la muerte es muy lejana. Es muy ligera. Así lo dice Paul Bowles, que como no sabemos cuándo llegará la muerte, “llegamos a pensar que la vida es un pozo inagotable”. Por mí es perfecto que mi hija se conciba así. No me interesa tener al lado a una niñita de seis años con problemas existenciales a la Sartre. En su mundo hay colores y juego y muchas risas y Yakults que se beben por la parte inferior del envase. Su vida se irá complicando como deba de complicarse, pero por ahora es suficiente.

Igual es imposible substraerse de estas fiestas como el día de muertos. La muerte está en todos lados. Y mezclado con el Halloween, que ocho capas en el subsuelo –debajo de los bacanales de treintañeros poniéndose pedos disfrazados y el consumismo de los centros comerciales– también nos recuerda que aquí estamos los vivos y los muertos, quizá, están allá en un mundo invisible. Lo tétrico, lo espantoso, lo grotesco y lo monstruoso equilibra nuestras vidas de un modo maravilloso. Nada mejor que la muerte para recordarnos que no todo en la vida es entregar ese bello reporte burocrático, no todo es verificar el auto, no todo es llegar a tiempo a esa cita, no todo es complacer al cliente, no todo es sacar la máxima calificación en ese examen, no todo es dejar pulcro y perfecto ese Excel. La muerte misma es el mejor recordatorio, como decía Rulfo, de que “la vida no es tan seria en sus cosas”. Todos nos vamos a ir a chingar a nuestras madres en algún momento. Qué bonito pensamiento. O como leí recientemente: “Death is always on the way“. Guau. Lo cual puede ser reconfortante. Hay que aprovechar esta vida y darle su justa dimensión. Porque quizá solo sea un paso a lo que sigue. Quizá, digo. No me interesa convencer a mis lectores ateos.

Dos grandes cuentos infantiles nos dan pistas sobre el paso por el umbral. Uno es Alice in Wonderland –a quien le dediqué un post el año pasado– y el otro es Sen to Chihiro no kamikakushi, traducido al inglés con el afortunado título “Spirited Away” y en español como “El viaje de Chihiro”. El nerd respetable sabrá que Miyazaki es un gran admirador de Lewis Carroll. Bueh, Lewis Carroll es como el nerd original, el Adán de todos los nerds. Así es que no sorprenden las analogías entre dos opus magna de Mizayaki-san, como Tonari no Totoro –donde destacan las semejanzas entre el gato de Chesire y Totoro y el Nekobasu y Chihiro –donde el personaje principal hace eco a la Alicia carrolliana.

En todas las historias donde alguno de los personajes cruza un umbral para pasar de un mundo a otro hay algo de tétrico. Chihiro se queda atrapada en un mundo “de fluidos fantasmagóricos”, diría Joseph Campbell. Lo mismo le sucede a Alicia: al perseguir al conejo acaba cayendo en un agujero que la lleva a otro plano, a otra realidad. ¿Y no es esa la muerte misma? Como espectadores, quizá lo que estemos viendo en Chihiro y Alicia sea su paso al otro lado, su camino lento y tortuoso al inframundo. Quizá están muertas y no lo saben aún, pero deben terminar con una serie de tareas pendientes antes de poder avanzar a lo siguiente. El otro día vi por enésima vez Sen to Chihiro con Julia chan y me preguntaba justo eso: ¿no estará Chihiro muerta?

Lo cual es una pregunta bastante ociosa, porque las historias fantásticas no necesitan mostrarnos los hechos, los frutos de la imaginación no necesitan explicaciones necias, parafraseando a Bioy Casares. Lo que es un hecho es que a lo largo de nuestra propia y privada jornada del héroe debemos cruzar por varios umbrales. La muerte es uno más. No me da miedo tener que pasar por ella, pero sí hacerlo sin la gente a la que amo. Seguramente ustedes sienten lo mismo. Las ausencias pueden ser más culeras que la muerte.

“Mientras los niños crecen, tú, con todos los muertos, poco a poco te acabas”, dice Sabines. Es la verdad. La vida florece, lo veo todos los días en esa chamaca con la que veo películas abrazados los domingos. Y en otro lado, los muertos siguen muertos.

Y aquí, hoy y ahora, lo que ustedes deben de hacer es comer pan de muerto. Esas 400 calorías que se van a meter no van a importar una chingada cuando estén en el panteón. Se los juro.

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El bonito aviso parroquial: mi nueva novela, Hackers de arcoíris, volumen I – Código: Garuda ya está disponible en la tienda de Amazon. Vayan directamente a este link para adquirirlo ($1.99 USD desde Estados Unidos y $3.99 desde México), o visiten el sitio web del libro.

Caribou…

Link.

Hackers de arcoíris, vol. I: la portada

El lunes, al fin a la venta en Amazon. En una de esas antes, no lo sé. Una vez que das clic en “publish” la cosa deja de estar en tus manos. El libro costará $3.99 USD en México, $1.99 en Estados Unidos. No me vean feo. Esos dos dólares extra los establece Amazon.

No dejen de enviarme sus comentarios a la obertura por mail, en este post o en Twitter. Hoy grabaré un podcast especial dedicado solo al libro. Nada que ver con el Paikast. Será producido por el licenciado Sempere y me acompañarán dos invitados muy enterados del mundillo de lo geek y lo nerdáceo. Luego avisaremos sobre su publicación, sitios de descarga, etc.

Nótese que no dice “Código: Garuda” en la portada. Eso lo dejé para la portadilla interior. Una exquisitez, supongo.

(´(エ)`)

La obertura al vol. I de “Hackers de arcoíris”, disponible el lunes 24 de octubre a las 9.00 pm

Mañana a las 9.00 pm, busquen aquí el link para descargar el archivo gratuito y compatible con Amazon Kindle de la obertura al vol. I de Hackers de arcoíris.

¿Cómo leerlo? Descarguen el software de Kindle que más les convenga. Hay para iPhone, Windows PC, BlackBerry, iPad, Mac OS, Android y Windows Phone 7. Y es gratis. En serio. Solo hagan clic en el logo que puse abajo para ir a la página de descargas:

El primer volumen deberá estar en la tienda de Kindle para el día de Halloween. Feliz lectura. :)